LA LUCHA CONTRA LA DROGA ESTÁ FUERA DE LA AGENDA POLÍTICA | De eso no se habla en Maciá

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Editorial Dia1Noticias

La lucha contra el consumo de drogas y estupefacientes, no forma parte de la agenda política de Maciá. A muy pocos o a casi nadie de la clase política le preocupa o le importa. Ninguna plataforma de gobierno, existente, copiada o reformulada, contiene un solo capítulo dedicado a este flagelo, cuya notoriedad se hace cada vez más patente y ataca desde las mismas entrañas de un pueblo que todavía no reacciona.

En este medio hemos gastado columnas, opiniones, investigaciones y respetables puntos de vista de especialistas, en vano. Es muy claro que este negocio que mueve muchos miles de pesos a alguien le conviene que siga funcionando.

La ciudad, como tal, era hasta hace un tiempo, un paraíso de la tranquilidad. Todo aquel que llegaba se enamoraba. Obras, progreso, trabajo, oportunidades, movimiento comercial, eran el combo perfecto para comprar el paquete Maciá. Pero claro, también llegaron de los otros. Aquellos a los cuales estos paraísos le dan lo que buscan: malvivir o transitar al margen de la ley.

Quedó muy claro que ni la sociedad ni sus sistemas estaban preparados para recibir la inseguridad. La primera reacción después de innumerables robos, unos cuantos asesinatos, el fantasma de la droga y mucho más, fue negar. Negar sistemáticamente para afuera. Y para adentro dejar que transcurra. “No pasa nada, no existe la inseguridad” fue la robótica frase de autoridades y medios comprados que amplificaron el relato oficial. Mientras tanto, cierta soberbia y sordera impidió escuchar a la gente. Y eso nuca es aconsejable hacerlo, sobre todo si sos autoridad.

Hoy se instaló el hartazgo, la impotencia y la bronca. Una combinación que puede hacer eclosión por cualquier lado. Porque no se trata del discurso, se trata de defender lo que a uno tanto le costó conseguir, se trata de preservar aquello que uno está dejando para sus hijos. Y ante una encrucijada como esta, todos los medios son válidos. Es la naturaleza humana.

EL CONSUMO DE DROGA EN LA CIUDAD

Ahora bien. Volviendo al tema de la droga. Habrá que dejar que el hilo se corte por lo más fino y lamentar una tragedia? A veces es extraño tener que decir que en un pueblo tan chico donde todos nos conocemos no se pueda dar con los “narcos”, “mulas” o simples distribuidores. Cada vez más “faso”, chicos fumando “tucas”, “chalas”, “porros” o como los llamen y se toma como si fuera algo normal. Es raro no?

Suponemos o imaginamos que una simple deducción que permita desandar la cadena puede llevar a una punta que sirva de partida para dar un golpe a los distribuidores. Teniendo en cuenta que justamente la Policía Entrerriana está haciendo historia en su lucha contra los narcos, creemos que capacidad les sobra a sus investigadores. Y entonces?

Por qué los candidatos que pujan por el poder no le han dedicado ni siquiera una palabra a este tema? Creerán que no es responsabilidad de ellos y le dejan todo a la policía? Ojalá no sea así no? De otra manera es inexplicable.

Quedará entonces resumida la lucha al seno familiar. Allí donde también cuesta a veces aceptar. Allí donde los padres creen conocer tan bien a sus hijos que los creen incapaces de consumir. Mi hijo no, no, no creo, dirán una y otra vez hasta chocarse de frente con la realidad. Justo en un momento en el que ya es tarde.

Hace unos meses se difundió un informe de la Secretaría de Adicciones bonaerense que señalaba que entre los 12 y los 16 años, es la etapa de la vida en que mayormente los adolescentes se sumergen en el mundo de las drogas, ya que a los 13 años se inicia el 20,7% de los chicos; a los 15 años el 19,2%; y a los 12 años el 11,6%. La baja edad en que los adolescentes argentinos comienzan su inserción en la droga, es sin duda el principal aspecto que las autoridades encargadas de la prevención deberían adoptar para empezar a cambiar una realidad por demás preocupante.

El informe del organismo público de la provincia de Buenos Aires estudió también cuál es el lugar o el ambiente en que el chico comienza a consumir estupefacientes, y la realidad marca que el principal es la calle con el 69,2%; seguido muy detrás por el domicilio con el 7,6%; la escuela con el 7,0%; los bares y confiterías con el 4,4%; y la escuela con el 3,0%.

En lo últimos meses, se dio a conocer un informe realizado por la Pastoral Nacional sobre Drogadependencia del Obispado el cual indica que el 10% de la población de entre 15 y 64 años consume algún estupefaciente, mientras que el 15% de los adolescentes en sus últimos años de secundaria consume marihuana, proporción que llegaría al 30% en el conurbano bonaerense. Además, resalta que “el país carece de una política pública global».

La información que manejan los obispos también indica que el 60% de los delitos son cometidos por delincuentes que consumen drogas. En una encuesta realizada en las 23 diócesis del país, el 53% de la gente percibe la droga como uno de los principales problema del país, relegando al segundo lugar a la pobreza.

Está más que claro que lo que se necesita del estado es una propuesta de desarrollo humano y social, destinada principalmente a esa franja de juventud que hoy no sabe qué hacer en la ciudad a excepción de ir al boliche los fines de semana. Esta es una forma, esta es una manera de comenzar la lucha, pero llamativamente en lugar de molestarse por los planteos o por los resultados de los relevamientos, resultaría oportuno que las autoridades tomen cartas en el asunto y establezcan las medidas necesarias para enfrentar el flagelo.

Una responsabilidad que le cabe también a la dirigencia política en general que, más allá de las plataformas individuales, deberían acordar criterios a los efectos de enfrentar un problema que pone en riesgo a la actual y a las futuras generaciones.