La injerencia del poder político en los medios / Manipular para construir poder

MANIPULACIÓN-MEDIÁTICA

Nuestros derechos, se supone, no son formulados o reformulados por el poder de acuerdo al momento político social que se vive. Se supone que son nuestra más legítima conquista. Son del pueblo. Más adelante y como resultado de ciertos códigos están las normas de convivencia, pero nuestros derechos existen desde que el primer hombre se paró sobre la tierra y comenzó a pensar.

Los flujos de pensamiento tuvieron corrientes, por ende los hombres tuvieron que entenderse entre sí para tomar decisiones. Siempre existió una autoridad que, revisando la historia del mundo sin profundizar, en muchos casos se impuso por la fuerza y no como resultado de un consenso de ideas u opiniones. El poder o la autoridad avasallando los derechos vienen desde lo primitivo.

La variedad de opiniones construye y solidifica criterios. Cuando la voz es una sola, hay imposición. Dice un especialista que “la libertad de expresión es un derecho individual, sí; el derecho de buscar información, de crear pensamiento propio y de expresarlo. Pero es también un derecho colectivo y un derecho social”. Y la razón abunda en esta afirmación.

Sobre todo si las garantías a pensar y expresarnos a nuestra manera se sostienen en un marco democrático. Sin embargo “la verdadera democracia es la que tiene varios elementos, desde el marco legal hasta la institucionalidad fuerte, la credibilidad, la transparencia… Pero el factor más importante en la existencia de una democracia no es tener un sistema electoral, aunque por supuesto eso sea necesario. El elemento más importante es garantizar la participación ciudadana” dice Frank La Rue.

Comprar el «relato», la premisa

Circunscripto a los medios de comunicación, la injerencia del poder de turno ha llegado a niveles alarmantes. La necesidad de construir un relato, un falso mensaje de conformidad impidiendo que toda crítica o cuestionamiento salga a la luz, han creado un círculo de connivencia muy peligroso en términos de libertad de expresión.

En pueblos relativamente chicos, donde la posibilidad de explotar el mercado comercial es muy reducida y máxime cuando conviven varios medios, el “auxilio” económico que prestan los gobiernos es una balsa de largo alcance. Y esa “balsa” nunca es gratis. Es a cambio de cambiar el relato, obviar las críticas, favorecer al gobernante más allá de creencias o principios de quien es “tentado”. Por suerte, en esto no hay que bucear para hallar pruebas, a veces o casi siempre las pruebas “están en el aire”.

Denunciar esta connivencia, no sirve de nada. Pero hay que hacerlo. Tampoco sirven los nombres y apellidos, para qué? Cada uno deberá asumir su cargo de conciencia. Y la responsabilidad frente a la sociedad si es que este punto es relevante. Es más muchos creen firmemente que este proceder está bien. Lo que no está bien, es la mentira resultante de estos acuerdos. Una mentira que luego es “transmitida” al resto de la sociedad. Muchos la compran como tal y eso en cierta medida depende de quien la comunique. La «convicción» a veces viene expresada en «miles» de razones.

Las redes sociales, nuestro lugar para opinar

De todas maneras, el fenómeno de las redes sociales, le ha dado aire nuevo a quienes piensan distinto. La mano del “tirano” no llega hasta ahí, entonces opinar es una moneda corriente que ha obligado a los “poderosos” a tener que pagar un “sueldo extra”, para contratar a “vigiladores” de Facebook, Instagram, whatsapp y otras. Las redes hoy tienen la velocidad y trascendencia que la TV y la radio no logran. Incluso los diarios digitales deben si o si sincronizar sus publicaciones rutinarias con alguna red social para lograr mayor repercusión.

“Esos medios comerciales que fueron iniciados por personas con una verdadera vocación de informadores, de periodistas, se convirtieron en medios comprados por corporaciones financieras, porque en el fondo se volvieron grandes inversiones. Entonces se fue perdiendo la vocación de ser periodista y se exacerbó la visión comercial” reafirma La Rue.

Es la descripción exacta de los que hoy sucede. Solo que no hablamos de grandes corporaciones, hablamos de gobiernos.

Es una pena que la pluralidad de voces hoy tenga serios interrogantes. Qué mejor que escucharlas a todas para saber discernir no? Para la construcción del poder absoluto era el escalón que faltaba.

Asumimos que desde nuestra posición como medio, es imposible hablar de objetividad, porque es algo que quedó en desuso, vetusto, ya no existe. Todos expresamos una determinada “línea” y está bueno decirlo, sin pelos en la lengua, sin temor a perder credibilidad. Se puede ir en un sentido y ser creíble. Lo que no se puede es dejar de escuchar a quienes no piensan igual y en muchos casos nos critican. Tolerancia que le llaman. Llamativamente es algo que hoy no pasa.

Cualquier similitud con la realidad, es pura coincidencia.

De la redacción de Día1Noticias