LA DROGA EN MACIÁ | Un mal que se expande

Vivimos en una comunidad corroída y dañada por las drogas. Sin embargo, quitarnos la venda y dejar que la luz nos encandile, se convierte en el trabajo más grande e indeseable para encarar, porque somos conscientes que se trata de reconocer y eso es algo que a los padres nos cuesta y nos cuesta mucho.

Especial | Día1Noticias 2016

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El haber pisado el extremo en donde chicos, jóvenes, muy jóvenes, sin siquiera haber aprendido a vivir tuvieron que ser rescatados por sus progenitores casi en el último aliento, llevados a urgencias médicas y luego internados en profunda rehabilitación, es algo gravísimo, muy grave.

Una sobredosis mata. Y no es joda, mata en serio. Pero también mata la indiferencia, la inacción, la negación. Nadie quiere o desea enfrentar el momento en que ve a su hijo/a luchando por su vida, “pasado” como dicen en la jerga y con poco para hacer. Lamentablemente, aunque poco se diga, eso ha pasado en Maciá y no una vez.

La cadena que “une” a los barrios maciaenses, es grande y se ha consolidado con el paso del tiempo y la inacción de autoridades y policía. De aquí en más, utilizaremos vocablos comunes en la jerga de este rentable mercado que todos conocen en la ciudad, pero que nadie se atreve a delatar.

Aunque una investigación seria y profunda terminaría de cuajo con el “negocio”, la red de “camellos” ha crecido exponencialmente. Y esto es proporcional, quiere decir que hay más consumo. Los chavos (dinero) llegan en mejores cantidades y hoy aquellos que al principio fueron simples curiosos o consumidores hoy se han transformado en “dealers” (vendedores), llegando a sus amigos, conocidos y así la cadena. Muchas por no tener dinero y otras solo por ambición de control y ganancias.

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Lo grave es que este problema, convive en el seno de la familia todos los días, las tardes y las noches. Formas, maneras, signos, instructivos de cómo saber si un adolescente está en la droga hay en cualquier folleto, pero nooo mi hijo noooo.

El uso continuado de drogas produce cambios en el estado de ánimo; las personas sufren tristeza, desmotivación y falta de energía; pierden el interés en actividades que antes les agradaban, dejan de asearse y duermen mucho tiempo. Hay cambios en su conducta, se vuelven irritables y poco tolerantes a la frustración

Qué se consume en Maciá? Y la lista es larga: “dulces” o “pastas” (pastillas); “anfetas”, “chochos” o “speed” (anfetaminas); “blanca nieve”, “línea”, “la dama”; “gramo suave”, “gris soplido” (cocaína); “extra”; “matraca”, “pasti”, “taxi”, “rola”, “Adan o Adam” (éxtasis); en menor medida algunos “champis” o “semillitas de la vírgen (hongos); “chemo”; “mona”; “cemento”, “dragón”, “muñeca” (inhalantes).

Alguién dijo alguna vez haberse pegado un buen viaje con “aceite”, “ácido”, “luz blanca”, “sello”, “tachuelas” (LSD); y obviamente de lo que más disponen los “puntos” es de “oxi”, “basuco”, “paco”, “pasta”, “pitillo” o “tubo” o pasta base que es la costra de la cocaína pura, es decir; los residuos que se mezclan con otras sustancias como ácido sulfúrico o cloroformo.

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No todos los chicos, adolescentes y adultos dominan este lenguaje, pero a veces la utilización del mismo se hace necesario para resguardar ciertas apariencias. Los “yonquis” lo saben y se cuidan entre ellos.

Todas las drogas que producen adicción tienen la característica en común de liberar dopamina, un neurotransmisor que, al estimular el sistema nervioso central, provoca alegría, desinhibición y, en algunos casos, falta de cansancio y una mayor facilidad para concentrarse

El primer dinero que mata la curiosidad proviene de los padres. Los dealers lo saben y apelan a muchos artilugios para convencer de los “beneficios” de un buen viaje. Cuando lo logran entran en complicidad y ganan un cliente nuevo. Una dosis de paco según investigaciones oficiales sobrepasa los 30 0 40 pesos. Un adicto consume varias de esas dosis al día.

Las vertientes por donde fluye la droga son muchos. Hay transportes que no se controlan o revisan, gente y rostros por los que nadie pregunta, pases en clave a ciertos puntos resultante de favores y miles de opciones para que el “paquete” llegue.

Ahora bien: no estamos hablando de una ciudad oculta como grafica Tévez en sus remeras, ni de una investigación al estilo cartel, no, nada más lejos de eso. Los datos se obtienen preguntando, charlando, observando, interpretando y confirmando, es decir, algo que cualquiera puede hacer.

Ya no podemos esperar que desde el gobierno se implemente alguna determinada acción o plan, cuando ni siquiera el combate a este flagelo ha sido considerado en una plataforma, entonces, es claro: para los jefes comunales la droga no es una problemática.

Tampoco resulta aquellos de los agentes encubiertos que nadie conoce y que siguen a tal o cual. No arroja ningún resultado tal procedimiento. Lo único que queda es no resignarse y combatirlo desde la educación y la fortaleza familiar. No hay otra salida.

Desafortunadamente no hay ninguna ciudad que escape a este mal. Y en la nuestra, aunque nadie haga nada, las venas de los barrios están infectadas, corre droga en muchos hogares, una realidad triste, preocupante y alarmante.

También es alarmante que seamos lo únicos que hablemos de este flagelo y que a nadie más le interese. Un silencio negador pero peligroso, muy peligroso en el cual están sumidos muchos de los pilares del futuro de nuestra sociedad. En Maciá, el negocio se expande. Ojos ciegos, bien abiertos.

Publicó | Día1Noticias