La alegría es de los murgueros, volvió el carnaval barrial a Maciá!!

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El amor propio y la pertenencia, pueden sacarle brillo al cartón y “la Lata”, puede moldear y orientar aspiraciones, también implantar la esperanza en los pequeños corazones devenidos con mucho orgullo en “murgueros”, porque ahora sí la alegría es de los murgueros!!!

Y cuando ese gran sentimiento sanador se mezcla en todas las almas del barrio, las más genuinas aspiraciones y demostraciones llegan a punto muy alto, por eso el debut de la murga “La Lata” caló muy hondo en toda la gente de la ciudad. Muy lejos de ser un espectáculo armado y pensado para recaudar, cosa que no tiene nada de malo, marcó la vuelta del auténtico carnaval barrial a Maciá.

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Por eso más allá de las palabras que este cronista puede improvisar sobre este gran día para la gente del Barrio Oriental, compartimos la profunda fé poética barrial de la Profesora Evangelina Franzot, que una vez más hurgó hasta el hueso para decir aquello que a muchos molesta, pero que hace unos días fue un grito unánime. El relato de un 12 de febrero inolvidable para chicos, adolescentes y adultos que le pusieron la “piel y el alma” al carnaval.

Una trinchera de latas y trapos
«Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas» (M Benedetti)

Anoche, hasta la lluvia se aguantó de caer, porque el barrio iba a hablar. Anoche en la callecita original, la calle que se quedó en un «atrás» que nadie eligió, como nadie eligió un muro, dijo sus cosas, abrió su bocaza irreverente para dar la palabra al dividido, al tapado, al negado.

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Anoche se encendieron mil banderines de colores en manos de las vecinas del barrio Oriental y el rancho primigenio, el que alimentó al viajero en el origen del pueblo, y el que sigue alimentando la gurisada a fuerza de voluntad y conciencia, se adornó con guirnaldas y al sonido de las latas, decretamos el Carnaval. Así, de prepo, lo decretamos, porque la alegría del que lucha es nuestra, y porque somos capaces de convertir el descarte en maravilla.

Anoche Sonó La Lata, y sonó muy fuerte, tan fuerte que la gran pared implantada como un objeto que no pertenece, tembló. Y no hizo falta, traer cañones ni topadoras, tembló solo con la música que unas manos pequeñitas, otras manos callosas y jóvenes sacaron de los tarros devenidos en ritmo e identidad y tembló, porque las latas orientales no estuvieron solas, porque otros parches, de otros barrios vinieron a darle la mano como una Carcajada que inquieta.

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Anoche, la emoción de la gurisada, la ansiedad de las bailarinas, las ganas de pintarse la carita de colores, me hizo recordar que la felicidad tiene forma de conjunto, tiene color de esfuerzo y dulzura, tiene olor a risa, esa que nace cuando recordamos, de verdad, quiénes somos, de donde venimos, y el porqué deseamos defender el lugar que nos vio nacer.

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Anoche, un pequeño y gigante carnaval, nos devolvió el derecho de recordarnos Pueblo y el orgullo de saber que podemos!

Evangelina Franzot / Fotos: Diego Hernán