Hace un año que una escuela de General Villegas está aislada por el agua

La falta de trabajo y el abandono del Estado a las pequeñas comunidades vacían el campo, promueven el éxodo y desalientan el arraigo. La maestra manda tarea por Whatsapp y Skype.

 

 

Los caminos rurales de General Villegas están bajo agua, hace 22 meses que este Distrito es una inmensa laguna de agua dulce, la tierra -sobre explotada por el monocultivo- ya no puede absorber más agua. Una escuela ubicada en la localidad de Emilio Bunge cumplió un año de estar inundada, con todos sus accesos anegados. Los niños no comenzaron las clases este año y deben concurrir a otros establecimientos, cuando los caminos y el tiempo lo permiten.

La Escuela N° 26 “Constancio C. Vigil” está a 21 kilómetros de Emilio Bunge, una de las localidades más afectadas por la inundación que golpea a la región. Hay cuatro caminos para llegar a la escuela, todos están inundadas. “Cuando los chicos no pudieron llegar más a la escuela utilizamos el correo pedagógico, es decir mandábamos la tarea con los camiones que sacaban la leche de los tambos, pero este año directamente las clases no empezaron en esa escuela, nos dieron unos salones en la planta alta de la número 12 de Bunge, donde antes funcionaba la casa del director, y ahí damos clases”, comenta al diario El Día Susana Nievas, la directora de la escuela. La realidad educativa del Distrito, también refleja el abandono del estado a las escuelas rurales.

La maestra debe hacer uso de la creatividad para llevar adelante las tareas educativas. Su obsesión es que no pierdan más días de clases y que puedan recibir los contenidos curriculares previstos por el año. En este sentido, envía tarea por Whatsapp, pero sólo es posible cuando hay internet, y también, los días que no pueden ir al salón que les prestan, da clases por Skype. Todas las ideas son buenas cuando hay tan pocas herramientas y posibilidades de acercarse a sus alumnos.

Las lluvias y la consecuente inundación de los campos en General Villegas no sólo afectó a las escuelas sino a los tambos, principal sustento laboral de las familias rurales. Los camino rurales de Bunge tienen agua desde casi dos años atrás. Gran parte de los tambos han tenido que cerrar y con esto, las familias que vivían allí debieron abandonar sus hogares. Esto significó una disminución muy grande en la matrícula en las escuelas. “Sólo quedó un tambo, y de los 21 alumnos que tenía solo 13 siguen concurriendo a clases”, comentó Nievas.

La Escuela 26 está aislada y cerrada desde hace un año. Fermín Pérez, de 80 años es quien la cuida. Su casa está al frente de la escuela, rodeada de agua, pero no quiso abandonarla. Es su lugar en el mundo y allí permanece. La soledad es su única compañía. Sin tambos y sin trabajo, la realidad no es la mejor y el futuro es incierto. Aun con varios días de sol, los caminos no orean y el agua continúa entrando por todos lados.

Según un estudio del INTA, en General Villegas cerraron el 40% de los tambos. La falta de trabajo y el abandono del Estado a las pequeñas comunidades vacían el campo, promueven el éxodo y desalientan el arraigo.

 

 

Fuente | El Federal