En el peronismo creen que la campaña de Alberto Fernández necesita ajustes

Le piden un discurso para la región centro del país y advierten sobre la falta de una agenda internacional consistente y el trabajo sobre redes.

 

 

Por Mauricio Cantando LPO

Alberto Fernández consiguió el miércoles un apoyo casi total del peronismo, con fotos junto a gobernadores, senadores nacionales y los intendentes reunidos con Axel Kicillof y Sergio Massa en La Plata coreando su nombre.

Pero no está en condiciones de relajarse: varios dirigentes de peso empezaron a cuestionar su campaña, reclaman un discurso para sumar votos en el centro del país, la zona más fertil para Mauricio Macri en 2015, y una línea más clara de política exterior, un terreno en el que quedó descolocado tras el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea.

Uno de los más preocupados es el senador Omar Perotti, electo gobernador de Santa Fe, quien el martes por la noche cenó con Fernández, en la previa de su jornada más intensa desde el inicio de su campaña.

Perotti había evitado nombrarlo antes de votar en su provincia y recién al retorno de sus vacaciones ratificó que el frente peronista que lo llevó al triunfo lo respaldará sin matices.

Alberto recorrerá Córdoba y Santa Fe con visitas a empresarios y sin Cristina. El lunes y martes caminará el campo bonaerense sin su compañera de fórmula.

Pero, en privado, puso condiciones: pidió un discurso destinado al «votante del centro del país», pequeños industriales y empresarios golpeados por la crisis financiera pero sin buenos recuerdos de los últimos años de Cristina Kirchner.

Con sigilo, solicitó pensar bien antes de planear caminatas de la ex presidenta por Santa Fe, donde Alberto viajará los próximos días, en ciudades a definir.

Aún derrotados en la contienda local, los macristas santafesinos celebran que la imagen de su jefe está en crisis en Rosario pero sigue muy firme en el sur de la provincia, con «hasta 45% de intención de voto». No son grandes poblaciones, pero en una pelea mano a mano como la de octubre cada voto suma y sostener el capital acumulado resulta clave.

En el equipo de campaña de Alberto reconocen que Cristina «suma muchísimo en el conurbano, norte y sur del país», pero en el centro productivo su presencia no siempre ayuda. «No lo dicen expresamente, pero quieren que vaya solo y así será», admiten.

Atentos a los consejos, incluyeron visitas a empresarios locales en Misiones, Tucumán y este viernes en Mendoza, donde Alberto cerró la jornada en el parque industrial de Las Heras, junto a la senadora y candidata a gobernadora Anabel Fernández Sagasti.

Perotti fue uno de los senadores que más empujó la designación del cordobés Carlos Caserio como reemplazo de Miguel Pichetto en el bloque del PJ.

Detuvo una avanzada del formoseño José Mayans, que incluía unificar la bancada con la de Cristina. Una jugada que parecía olvidada una semana antes de la reunión decisiva pero se reactivó con un par de llamados del Instituto Patria en las horas de cierre de listas. No tuvo éxito.

Consagrado, Caserio recibió el miércoles a Alberto y le pidió, ante sus colegas, diseñar una campaña para los peronistas de su provincia reacios a Cristina, pero sin deseos de votar a Macri.

En las radios locales, ensayó un discurso acorde a su objetivo: «Cristina ha tenido una gran actitud generosa e hizo posible una apertura para que muchos peronistas de las provincias se sumen a la fórmula. Pero el presidente va a ser Alberto». Lo repetirá cuando recorra sus tierras con el candidato presidencial e intendentes como Martín Gill, de Villa María.

Otro tema que preocupa y mucho en el peronismo el funcionamiento del equipo que armó Alberto Fernández para trabajar las redes sociales, que lideran Nicolás Trotta y el ex sciolista Juan Courel. Los ven muy lejos del nivel de despliegue y penetración de los equipos de Marcos Peña.

Para acercar empresarios cordobeses, Alberto ubicó al frente de la lista de diputados nacionales por esa provincia a Eduardo Fernández, dirigente de la Asociación de Pymes (Apyme). Y aún se esperanza en que el gobernador Juan Schiaretti le atienda el teléfono, después las primarias. Además de ganar, y por bastante, deberá prometerle la ayuda para pagar las jubilaciones que Cristina le retaceó y Macri le cumple mes a mes.

Sin Cristina, Alberto dedicará lunes y martes a recorrer el sudeste de la provincia de Buenos Aires, la quinta sección electoral, una de las más hostiles a Unidad Ciudadana en 2017 y más afines a María Eugenia Vidal.

En Necochea estará Sergio Massa, que tiene equipo de campaña propio, con sede en su oficina de Avenida Liberador y al mando de Diego Bossio. No participaría de las visitas a Mar del Plata y Tandil, dos ciudades a conquistar.

Massa tiene un equipo afianzado en el manejo de redes, pero por ahora Alberto Fernández decidió delegar ese trabajo en Nicolás Trotta, acercado por su amigo Víctor Santa María y en Juan Courel, el ex vocero de Daniel Scioli, ahora con Felipe Solá. No son pocos los que comentan con preocupación que hasta ahora el trabajo en ese terreno clave está lejísimos del profesionalismo de los equipos de Marcos Peña.

El miércoles Alberto se quedará en Capital Federal para reunirse con su compañera de fórmula, recién llegada de Cuba y con los spot televisivos rodando en el prime time.

La geopolítica en contra

Otro aspecto que despierta interrogantes en el peronismo es la agenda internacional, por ahora reducida a los recuerdos de la patria grande, con viaje a la casa del uruguayo José Mujica, reunión en su oficina con el socialista chileno Marco Antonio Enríquez-Ominami y la visita Lula da Silva, en la cárcel de Curitiva. No parece un eje atractivo para compensar a un Macri al que respaldan activamente los principales líderes del mundo, desde Donald Trump al socialista español Pedro Sánchez.

Las incursiones internacionales de Alberto Fernández junto a políticos regionales de izquierda lejos del poder como Lula, Pepe Mujica o Marco Antonio Ominami, no parecen la mejor estrategia para descontar en ese terreno frente a un Macri al que apoyan los principales líderes del mundo, desde Trump al socialista español Pedro Sánchez.

«No fue un acto de campaña. Él integra un grupo que pide la liberación de Lula y aprovechó un hueco para viajar. No hay una agenda internacional. La campaña es en Argentina», aseguran desde el comando de campaña de Alberto Fernández.

El problema, dicen en el peronismo, no es que se saque una foto con Lula sino que hasta ahora Alberto Fernández no elaboró un discurso consistente sobre cómo vincularse con el mundo que no se limite a resistir la apertura internacional de Macri y  medidas como el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea y el que está en marcha con Estados Unidos.

Sorprendido por ese anuncio, que el presidente ya había anticipado durante la visita de Jair Bolsonaro, después de criticarlo a ciegas Alberto repasó estos días un informe sobre el impacto negativo del preacuerdo anunciado en Osaka, elaborado por su economista Matías Kulfas.

Las utilizará para argumentar cuando vuelva a hablar del tema, que para el Gobierno fue todo ganancia: no dio mayores detalles, lo celebró como un progreso inevitable y canceló el debate hasta el año próximo, sin promesas de mostrar la letra chica. Alberto Fernández quedó descolocado en su crítica liviana ante un hecho de relevancia histórica y que acaso muestra una de las pocas políticas de Estado de la Argentina: Se comenzó a negociar hace 20 años cuando el peronismo gobernaba el país con Carlos Menem.