Cuando bañarse e ir al baño, se convierten en un lujo en Maciá

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Es la ciudad que más ha crecido y progresado en nuestra provincia en los últimos años, según las palabras de un ex intendente devenido a diputado ahora. Según el, dejó obras que le cambiaron la calidad de vida a sus habitantes para siempre: la millonaria construcción de los desagües pluviales, el acceso a la ciudad por Ruta 30, según sus registros cerca de 2000 viviendas y los pozos y la cisterna “para el nuevo agua potable de Maciá”. Hasta ahí, enorme.

Pero todos los grandes anuncios siempre esconden falencias detrás, dejando a la vista errores de construcción, voluntarios o involuntarios. Según entendidos, cosas que hubiesen podido preverse con solamente un gesto de apertura para escuchar otras voces.

Para colmo, cuando el crecimiento no lleva consigo un mínimo de planificación, para emparchar a veces es tarde.
La historia que rodea a la a esta altura “célebre y épica” batalla por la solución al tema del agua potable es larga, es para otro capítulo. Porque la realidad es urgente, acuciante y vergonzosa. Y se vive en un populoso barrio de Maciá, donde casi deliberadamente el agua potable se corta como por “arte de magia” y donde la boleta es un verdadero “afano” como se dice en la juerga, de acuerdo al pésimo servicio que se presta. Aun así, se cobra sin pedir disculpas y menos vergüenza.

La cooperativa, “de los mismos de siempre”, no da la cara y no se hace responsable. Mucho menos trabaja o busca la solución y mucho menos ahora, cuando las vacaciones de sus empleados están a horas de hacerse efectivas y la “guardia de emergencia” solo sirve para algunos empleados engrosen sus horas extras.

Mientras, en los barrios, la gente no puede bañarse, ir al baño, cocinar y disponer del servicio que está pagando y bastante caro por cierto. Son muy pocas las ciudades donde el agua y las cloacas ascienden a $150 mensuales y eso cuando no aparecen “los sorpresivos recargos y excedentes”, que jamás queda claro por qué te los cobran. Pagar para no usar, para no tomar. Pagar para nada.

El municipio hizo obras bajo la mágica promesa de una solución que fue un verdadero fiasco o cuento. La cooperativa debía administrar esas obras que con tanto esfuerzo de gestión “le cedió” la comuna. El agua, casi no produjo mejora de calidad y la presión sigue siendo igual o peor que antes. Nos preguntamos: en qué mejoró la calidad de vida de la gente?.

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Los nuevos pozos, etapa de construcción. Se anunciarion como la solución a la problemática del agua en Maciá.

La distribución del vital líquido evidentemente se hace por sectores o por horas. Probado está que cuando no hay presión en determinado barrio, en otro sobra. Y que en el Barrio IAPV 32 viviendas, la hora elegida “para dar agua”, es la noche. Sin contar los perjuicios causados durante el día. El agravante es que estamos en temporada estival, para las fiestas hay visitas y encima se está pagando por algo que no es tal. Queda corta la palabra vergüenza.

Desde este barrio se han hecho, millones de quejas. Por nota inclusive. De todos los tenores, pero nadie se hace cargo, nadie responde, nadie soluciona. Mientras tanto la gente sufre un verdadero atropello, una total falta de respeto y abandono por una prolongada inoperancia e irresponsabilidad, que nadie quiere mirar. Lo insólito sería que ahora le echen la culpa a las “pelopinchos”.

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