Albarenque: «El Tribunal, tan sólo con escucharnos, nos liberó de un enorme peso»

Una de las víctimas del Convento Carmelitas de Nogoyá publicó una carta de agradecimiento a pocos días de la sentencia

 

 

Silvia Albarenque, una de las denunciantes contra la religiosa Luisa Esther Toledo por los tormentos sufridos en el Convento Carmelitas de Nogoyá, publicó una carta de agradecimiento a poco de conocerse la sentencia en la causa.

«Luego de intentar -durante años- por canales eclesiásticos, optamos por informar a la prensa lo sucedido, con el único objeto de evitar que otras chicas sufrieran vejaciones similares a las nuestras: no podíamos estar tranquilos sabiendo que puertas adentro seguía todo igual», señala Albarenque.

Toledo dirigió durante diez años el Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen, de la ciudad de Nogoyá, y la causa se originó tras la acusación en su contra realizada por excarmelitas. El fiscal Federico Uriburu ordenó un allanamiento en agosto de 2016, durante el cual secuestró diversos elementos relacionados con las denuncias formuladas por las monjas de clausura.

En pocos días se conocerá la sentencia y en ese marco Albarenque y su familia hicieron público un agradecimiento.

La carta

Faltando pocos días para conocer la sentencia del juicio por privación ilegítima de la libertad –agravada- en el cual la imputada es Luisa Toledo, quien fuera superiora del Convento de Carmelitas de Nogoyá, nos permitimos por este medio decir gracias:

A la prensa en general por el trato serio y respetuoso a un asunto complejo y delicado.

Al Ministerio Publico Fiscal, por ser el motor de corrección y cambio de situaciones gravísimas e injustas. En particular a los fiscales Uriburu, Molina y Taleb por su calidad técnica, pero más por su calidad humana.

A muchas personas –dentro y fuera de la Iglesia- que nos acompañaron en el dolor y la reconstrucción de nuestros proyectos de vida.

Luego de intentar -durante años- por canales eclesiásticos, optamos por informar a la prensa lo sucedido, con el único objeto de evitar que otras chicas sufrieran vejaciones similares a las nuestras: no podíamos estar tranquilos sabiendo que puertas adentro seguía todo igual.

Llegamos al juicio oral y público –sin constituirnos como querellantes- para permitir que sea la justicia la que determine si las conductas endilgadas a la imputada se subsumen o no en el delito de privación ilegítima de la libertad.

El Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguay, tan solo con escucharnos, nos liberó de un enorme peso y reparó parte del daño soportado.

Más allá de una sentencia condenatoria o absolutoria, sabemos –y la inmensa mayoría de la opinión pública sabe- que lo que relatamos es veraz y bien intencionado.

Nuevamente –y finalmente- gracias.